Martes, 27 Noviembre 2018 17:49

La nueva LOPD llega con polémica incluida

 

Tras el rechazo en el Pleno del Congreso de los Diputados a las 32 enmiendas planteadas en el Senado al Proyecto de Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantías de los Derechos Digitales (PLOPD), el pasado 20 de noviembre el Pleno del Senado aprobó por mayoría absoluta la que pasará a ser nuestra nueva Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantías de los Derechos Digitales (LOPD), que sustituirá a la ya desfasada LOPD 15/1999.

La nueva LOPD se prevé que entre en vigor en los próximos días y muchas han sido las modificaciones que ha sufrido el Proyecto desde su publicación en el BOE en noviembre del pasado año hasta su actual redacción, siendo la más sugerente el propio encabezado de la Ley, reconociendo y vinculando la Garantía de los Derechos Digitales a la Protección de Datos de Carácter Personal.

La configuración final del articulado de la nueva LOPD es el mismo que se preveía en el informe de la ponencia del PLOPD y Garantía de los Derechos Digitales publicado en el BOE el 9 de octubre del presente año, al no haber sido aceptada ninguna de las enmiendas planteadas en el Senado. La estructura de nuestra nueva LOPD, por tanto, va a ser la siguiente:

- Un total de 96 artículos, divididos en 10 títulos, 22 disposiciones adicionales, 6 disposiciones transitorias y 16 disposiciones finales.

Ya hemos comentado en otras publicaciones de nuestro Blog las principales diferencias entre la primera versión del PLOPD publicado en noviembre del año pasado respecto a la última versión definitiva publicada el 9 de octubre, que será la que finalmente entre en vigor en los próximos días.

Una de las principales novedades que introduce la nueva LOPD es su Título X, donde se reconocen una serie de derechos digitales, que tampoco se han visto exentos de enmiendas por el Senado, así como de críticas por parte de expertos en la materia, quienes no consideran del todo acertado el incorporar los derechos digitales relativos al ámbito laboral en una ley de protección de datos, y no así en legislaciones que regulen de manera específica las relaciones laborales de los trabajadores, como en la negociación colectiva, o en los propios procedimientos internos de las empresas. Entre dichos artículos se reconocen el derecho a la intimidad y uso de dispositivos digitales en el ámbito laboral, el derecho a la desconexión digital, derecho a la intimidad frente al uso de dispositivos de videovigilancia, grabación en el lugar de trabajo y el uso de sistemas de geolocalización. Aún es pronto para que podamos prever los efectos jurídicos derivados de la incorporación de estos derechos en una normativa de protección de datos, pero lo que sí debemos tener claro es que todos ellos deberán tenerse en consideración en el resto de los ámbitos de nuestro Ordenamiento Jurídico.

Para finalizar, debemos hacer referencia a la disposición final tercera de la nueva LOPD que no ha dejado indiferente a nadie. El pasado 18 de abril el Grupo Parlamentario Socialista realizó una enmienda de adición a la nueva LOPD del artículo 58 bis a la L.O 15/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General (LOREG), que contempla el uso de medios tecnológicos y datos personales en las actividades electorales.

La enmienda, que ha sido adherida el texto definitivo de la nueva LOPD y contaba en un principio con la aprobación de todos los grupos parlamentarios al no haberse realizado ninguna enmienda al respecto, parece contar ahora con más detractores que defensores.

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En nuestros últimos posts (aquí y aquí) hemos analizado los cambios que ha sufrido el Proyecto de Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales (en adelante Proyecto) durante su proceso de aprobación, hasta el momento no finalizado, encontrándose actualmente en la fase constitutiva del Procedimiento legislativo ordinario. Todo parece indicar que esta redacción del texto legislativo será la definitiva, pero hasta entonces, seguiremos estudiando el contenido del novedoso Título X que el Proyecto dedica a los Derechos Digitales.

Si hace unas semanas centrábamos la atención en los preceptos que el texto dedica a la protección de los menores, el derecho a la educación digital, y el impacto en las relaciones laborales, en esta publicación trataremos cómo el Proyecto regula el derecho de rectificación en Internet.

Como ya hemos venido indicando en recientes artículos, y la propia Exposición de Motivos del Proyecto pone de manifiesto, mediante la inclusión de estas disposiciones se cumple con la tarea de reconocer y garantizar ciertos derechos digitales de los ciudadanos conforme al mandato establecido en la Constitución Española (en adelante CE). En definitiva, derechos que ya se disfrutan en la realidad offline y que hasta ahora planteaban dudas en el entorno online.

¿Qué supone esta premisa en lo que al derecho de rectificación se refiere?

Todos tienen derecho a la libertad de expresión en internet”. Así comienza el artículo 85 del Proyecto dedicado al derecho de rectificación en Internet, aludiendo al derecho fundamental a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción, reconocido en el artículo 20.1 de la CE.

Ahora bien, es por todos conocido que el derecho fundamental a la libertad de expresión ya sea aplicado o no al ámbito digital, no es un derecho absoluto e ilimitado, toda vez que atendiendo al caso concreto, es posible que prevalezcan otros derechos fundamentales también garantizados en nuestro texto constitucional, tales como el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar (art. 18.1 CE).

Una de las limitaciones a este derecho fundamental aplicado a Internet viene ahora dada por el derecho de rectificación regulado en el Proyecto. Si bien el derecho de rectificación en el ámbito de los medios de comunicación social ya se regularizó en La Ley Orgánica 2/1984, de 26 de marzo, reguladora del derecho de rectificación (en adelante Ley 2/1984), y esta norma ha sido aplicada en alguna ocasión a informaciones publicadas en medios de comunicación digitales (como por ejemplo en el asunto analizado en la STS 1615/2018), el Proyecto trata de agilizar y explicitar este derecho de rectificación para los contenidos en redes sociales y servicios equivalentes.

Pero ¿cómo lo hace?

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"España, cada vez más cerca de aprobar su nueva LOPD". Esta noticia, ha sido, a lo largo de estas últimas semanas, una de las cuestiones más comentadas, a nivel nacional, en el ámbito de la protección de datos.

Cómo ya mencionamos en nuestro post de la semana anterior, el pasado 9 de octubre, se alcanzó, por parte de los distintos grupos parlamentarios, un consenso político para la aprobación de la nueva versión de la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales (en adelante, Proyecto) que, actualmente, y siguiendo el orden de las etapas que integran el procedimiento legislativo, se encuentra en fase de tramitación en el Senado, desde que el pasado 18 de octubre el Pleno del Congreso de los Diputados aprobase, por unanimidad, la nueva versión de este Proyecto de Ley.

Por todos es sabido que el Proyecto tiene como finalidad principal la adaptación de la normativa española de protección de datos personales al marco desarrollado por el Reglamento Europeo de Protección de Datos, clarificando algunos de los puntos más relevantes desarrollados en el mismo. Sin embargo, no hemos de perder de vista, que la protección de datos y el tratamiento de la información personal va evolucionando y modificándose conforme las nuevas tecnologías avanzan. En aras de poder ajustarnos a esa evolución y garantizar la máxima protección a los interesados, este Proyecto busca ampliar a Internet, la exigencia y aplicación de los derechos y libertades reconocidos en la Constitución Española y en los Tratados Internacionales tal y como el propio Proyecto recoge en su artículo 79.

¿Cómo lleva a efecto la nueva versión del Proyecto este propósito?

A través de la creación del Título X, denominado “Garantías de los derechos digitales”. Un título, conformado por un total de 19 artículos, que se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de este texto normativo, y cuyo objeto principal es reconocer y garantizar un elenco de derechos digitales de los ciudadanos.

Parte, este articulado, de la búsqueda de una garantía de acceso universal a Internet para todos los ciudadanos, con independencia de la condición personal, social, económica o geográfica de los mismos y con el fin último de luchar contra las brechas de género, residenciales, generacionales o por razón de la discapacidad (artículo 81).

Asimismo, se establecen obligaciones para los proveedores de servicios que deberán proporcionar una oferta transparente de servicios sin discriminación por motivos técnicos o económicos, así como informar a los usuarios de sus derechos en materia de seguridad de las comunicaciones (artículo 80).

¿En qué otros ámbitos centra su desarrollo este nuevo título?

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El pasado 9 de octubre se publicó en el Boletín Oficial de las Cortes Generales del Congreso de los Diputados el Informe emitido por la Ponencia sobre el Proyecto de Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal. Dicho informe incorpora cambios significativos respecto del Proyecto de Ley inicial. Consideramos relevante analizar dichos cambios y para ello dedicaremos varias publicaciones.

Se trata de un texto definitivo que partía de un Proyecto de ley presentado por el Partido Popular y cuya segunda versión ha tenido un apoyo unánime por todos los grupos parlamentarios.

La primera novedad significativa nos la encontramos en la propia denominación de la futura Ley Orgánica pasando a denominarse “Proyecto de Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y garantía de los Derechos Digitales”. Esto es así porque, como analizaremos más adelante, además de perseguirse como objetivo la adaptación del ordenamiento jurídico español al Reglamento general de protección de datos (RGPD), se persigue ahora también reconocer y garantizar una serie de derechos y libertades digitales a los ciudadanos. Por ello, se ha añadido respecto del texto anterior, un Título más: Título X Garantías de los derechos digitales.

En segundo lugar, llama la atención la cantidad de leyes que se ven modificadas por este texto. Mientras que con la primera versión se modificaban únicamente la Ley 1/2000 de Enjuiciamiento Civil y la Ley 29/198 reguladora de la jurisdicción contencioso- administrativa, ahora se introducen modificaciones relevantes en otras diez leyes más: la Ley Orgánica 6/1985 del Poder Judicial, la Ley 19/2013 de transparencia, acceso a la información política y buen Gobierno, la Ley Orgánica 5/1985, del Régimen Electoral General, la Ley 14/1986, General de Sanidad, la Ley 41/2002 básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica y la Ley 39/2015 del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas, la Ley Orgánica 2/2006 de Educación, la Ley Orgánica 6/2001 de Universidades, el Texto Refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores y en el Texto Refundido de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público.

Finalmente vamos a analizar qué otras novedades que aporta la nueva versión del Proyecto en comparación con lo que recogía el texto inicial:  

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Hace escasos días, el mundo entero se hacía eco de una noticia relativa a Google y al futuro cierre para los usuarios, no así para las empresas, de su conocida, aunque poco exitosa, red social Google +.

El Gigante de Internet achacó como motivo principal del cierre, la poca interacción de sus usuarios, pese a sus ya 7 años de trayectoria, siendo solamente el 10% de los mismos los que realmente llegaban a hacer auténtico uso de ella.

Este motivo, no exento de importancia, unido a la reciente noticia de un fallo de seguridad en una de sus interfaces de programación de aplicaciones (las llamadas API), han sido el detonante para la decisión definitiva del cierre de la red social en agosto del próximo año.

Este fallo de seguridad permitió que 438 aplicaciones tuvieran acceso durante 3 años a todos los datos de carácter personal de cerca de medio millón de usuarios de la red social. Entre tales datos que quedaron al descubierto, se encontraban: el nombre y apellidos del usuario, su fecha de nacimiento, sexo, relación sentimental, lugares donde la persona ha residido, dirección de correo electrónico, habilidades…

El error fue detectado en el pasado mes de marzo, pero, dada la relevancia de las sanciones y procedimientos a seguir que establece el actual marco normativo en materia de protección de datos, liderado por el Reglamento Europeo de Protección de Datos (en adelante, RGPD) a continuación voy a proceder a explicar cuáles hubieran sido las consecuencias si dicho suceso se hubiera producido a partir del 25 de mayo del presente año, cuando el RGPD empezó a desplegar sus plenos efectos.

Antes de proceder al propio análisis, en primer lugar, se debe determinar si este incidente se corresponde o no con una violación de la seguridad de los datos, término que contempla y desarrolla el RGPD

El artículo 4.12 del RGPD define la violación de la seguridad de los datos como “toda violación de la seguridad que ocasione la destrucción, pérdida o alteración accidental o ilícita de datos personales transmitidos, conservados o tratados de otra forma, o la comunicación o acceso no autorizados a dichos datos

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Continuamos, una semana más, con el análisis de una de las situaciones específicas recogidas en el artículo 91.1 del Capítulo IX del Reglamento Europeo de Protección de Datos (RGPD): Las normas vigentes sobre protección de datos de las iglesias y asociaciones religiosas.

Si a lo largo de nuestro anterior artículo, desarrollábamos los aspectos más básicos del Decreto General publicado por la Conferencia Episcopal Española sobre la protección de datos de la Iglesia Católica en España, en adelante, Decreto General, en nuestro post de hoy, nos enfocaremos en analizar la configuración del Delegado de Protección de Datos (DPD) dentro de la Iglesia Católica Española.

El DPD, como figura, no es algo novedoso para nosotros pues desde que entrase en vigor, en 2016, el RGPD, el Delegado se conformó como uno de los grandes protagonistas de la misma. Conscientes de su importancia, desde Prodat, hemos dedicado varios artículos al desarrollo y análisis de los aspectos más importantes en torno al DPD (El Delegado de protección de datos en el RGPD Parte I, Parte II, Parte III y Parte IV).

Sin embargo, ¿cómo regula el Decreto General, esta figura, en la Iglesia Católica Española

Para analizar esta cuestión, hemos de partir de la diferenciación que el propio Decreto hace en su artículo 4 al recoger dos categorías de DPD:

- El Delegado de Protección de Datos Diocesano que será la persona designada por el Obispo (artículo 4 apartado 25 del Decreto General).
- El Delegado de Protección de Datos de la Conferencia Episcopal Española (artículo 4 apartado 26 del Decreto General) que será la persona designada por la Conferencia Episcopal Española.

La principal diferencia entre ambas figuras será su ámbito competencial pues mientras que el DPD Diocesano actuará en el ámbito de la entidad que lo haya designado, la actuación del DPD de la Conferencia Episcopal se ceñirá al propio de la Conferencia Episcopal Española.

¿Qué entidades están obligadas a designar un DPD?

El artículo 36.1 del Decreto General, nos ofrece un listado de las entidades que deberán designar esta figura:

1. Las Iglesias particulares de la Iglesia Católica en España;
2. Las entidades de la Iglesia Católica en España, de carácter diocesano, supradiocesano o de ámbito nacional, cuando el tratamiento se produzca dentro de sus actividades.
3. Las entidades canónicas de Derecho pontificio o de ámbito internacional y las entidades civiles relacionadas con la Iglesia Católica.
4. La Conferencia Episcopal Española.

Asimismo, se podrá designar un único DPD Diocesano para las entidades recogidas en el artículo 3 del Decreto General cuando así lo apruebe la autoridad eclesiástica competente, tal y como recoge el artículo 36 en su apartado 9.

Toda vez que el nombramiento del DPD sea firme, este deberá ser comunicado a la autoridad de control, por parte del responsable o encargado del tratamiento, y siempre a través del DPD de la Conferencia Episcopal (artículo 36.8 del Decreto General).

Así, y en lo referente a quién deberá asumir, en cada una de las entidades anteriormente mencionadas la posición de DPD, es el propio artículo 36 quién nos lo indica en su apartado 5:

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Todo parecía indicar, y hasta la propia propuesta de Reglamento sobre la privacidad y las comunicaciones electrónicas (en adelante, Reglamento e-Privacy) lo recogía, que, a partir del archiconocido 25 de mayo de 2018, dicho Reglamento, que derogaba la directiva 2002/58/CE, pasaría a ser de plena aplicación, como así lo hizo el Reglamento Europeo de Protección de Datos (en adelante, RGPD).

En efecto, ambos Reglamentos tenían pensado entrar dados de la mano en nuestro ámbito jurídico europeo, pero como todos bien sabemos, ello aún no se ha producido.

El RGPD desplegó sus plenos efectos a partir del pasado 25 de mayo, sin embargo, la propuesta de Reglamento e-Privacy no fue aprobada, por lo que la Directiva 2002/58/CE sobre la privacidad y las comunicaciones electrónicas continúa estando en vigor.

Como ya comentamos en anteriores publicaciones, el nuevo Reglamento e-Privacy incorpora numerosas novedades respecto de la Directiva 2002/58/CE, adaptando y actualizando la legislación en materia de privacidad a la nueva realidad digital en la que ya estamos completamente inmersos.

El objeto del Reglamento e-Privacy es la regulación de las cuestiones que afectan a las comunicaciones transmitidas a través de estos nuevos servicios basados en internet, a diferencia de la Directiva, que regula los servicios de comunicación tradicionales, con conceptos muy ambiguos que dificultan una correcta armonización.

La tecnología avanza con pasos de gigante, y nuevas técnicas como el rastreo de los comportamientos en línea de los usuarios finales, la interacciones y comunicaciones de máquina a máquina (el llamado” Internet de las cosas” o ”IOT” [Internet Of Things] en su traducción al inglés), la localización geográfica de los usuarios, de su fecha, hora y tipo de comunicación que están realizando mediante los dispositivos electrónicos, son una más que conocida realidad que se encuentra a la espera de una regulación adaptada a los tiempos que corren.  

Debemos hacer hincapié en uno de los pilares fundamentales del reglamento e-Privacy, que se centra en el consentimiento de los usuarios a la hora de elegir la configuración de la privacidad en sus dispositivos electrónicos.

En una de las encuestas realizadas por la Comisión Europea, se deduce claramente que este es un punto que preocupaba especialmente a los ciudadanos, siendo cerca de un 90% los encuestados que se encuentran a favor de que la configuración predeterminada de su navegador no siga compartiendo su información personal.

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Actualmente es incuestionable que asistimos, de un modo cada vez más frecuente, al uso, por parte de empresas privadas y entidades públicas, de diversos sistemas de control en el ámbito laboral tales como sistemas de monitorización, videovigilancia o mecanismos de registro biométrico y geolocalización de los trabajadores.

Pero ¿están amparadas estas tecnologías por la legalidad vigente?, ¿qué implicaciones conllevan en materia de protección de datos?, ¿qué limites han de tenerse en cuenta a la hora de valorar su implantación y uso? Y la jurisprudencia, ¿qué dice al respecto?

De entre todas estas tecnologías mencionadas centraremos nuestra atención, a ojos de este artículo, en los sistemas de geolocalización de los trabajadores vía GPS, en vehículos o a través de teléfonos móviles, por ser este uno de los sistemas más en alza en los últimos tiempos en las empresas como medio de control de los empleados, así como un recurrente punto de controversia en el ámbito laboral.

Lo primero que debemos dilucidar, es si nos encontramos, o no, ante un tratamiento de datos de carácter personal cuando una empresa accede a los datos derivados de la geolocalización de un empleado.

El artículo 4 del Reglamento Europeo de Protección de datos (RGPD) define los datos de carácter personal como “toda información sobre una persona física identificada o identificable (…)”. Asimismo, los datos de localización fueron ya definidos en el artículo 2 de la Directiva 2002/58/CE como "cualquier dato tratado en una red de comunicaciones electrónicas que indique la posición geográfica del equipo terminal de un usuario de un servicio de comunicaciones electrónicas disponible para el público".

A pesar de que el nuevo Reglamento de privacidad electrónica e-privacy, que sustituye a la Directiva 2002/58/CE, no recoge como tal este concepto; el mismo ha venido siendo mantenido tanto por la Agencia Española de Protección de datos (AEPD) como por el Reglamento sobre las condiciones para la prestación de servicios de comunicaciones electrónicas, el servicio universal y la protección de los usuarios, en su artículo 64.b.

Partiendo de ambas definiciones, ¿podremos, entonces, considerar los datos de localización como datos de carácter personal? La AEPD es clara a este respecto al indicar que los datos de localización se refieren siempre a una persona física identificada o identificable, consecuentemente, podremos considerarlos como datos de carácter personal, quedando su tratamiento sujeto a las disposiciones contenidas en la normativa vigente en materia de protección de datos. Así lo refleja en varias de sus resoluciones, de entre las que destacamos: E/00827/2018 y E/00868/2018.

¿Será, entonces, necesario contar con el consentimiento previo del trabajador?

Es, sin duda, una de las cuestiones que más incertidumbre causa entre los empresarios que valoran la instalación y uso de estos sistemas de control.

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Para finalizar el estudio y análisis de la guía publicada por la Agencia Española de Protección de Datos (en adelante AEPD) el pasado mes de junio sobre el uso de videocámaras para seguridad y otras finalidades, en el presente artículo vamos a proceder a comentar las dos últimas cuestiones que aborda la AEPD en relación al tratamiento de imágenes a través de las tecnologías emergentes, mediante las denominadas cámaras “on board” y mediante el uso de drones; así como aquellos supuestos donde, a pesar de producirse un tratamiento de imágenes, la normativa de protección de datos no sería de aplicación.

Respecto del tratamiento de imágenes a través de las tecnologías emergentes, se procede a un breve análisis de los tratamientos de las cámaras “On board” y del uso de drones, remitiendo la Guía a una serie de informes jurídicos que permiten ampliar la información de ambos supuestos.

  • Las llamadas cámaras on “board”, son aquellas que se encuentran instaladas en el interior de los vehículos, o bien en el casco del conductor, y cuya finalidad reside en ir grabando el recorrido realizado. Señala la guía una serie de supuestos a los que debemos atender:

    - Cuando éstas se utilizan con finalidades domésticas, se encontrarían excluidas del ámbito de aplicación del Reglamento General de Protección de Datos (en adelante RGPD), salvo que tales grabaciones fueran difundidas en las redes sociales, supuesto donde el Reglamento pasaría a ser de plena aplicación.

    - La Guía hace una especial mención a las grabaciones y captaciones de imágenes en el exterior de los vehículos cuando la finalidad sea la obtención de algún tipo de prueba, a fin de denunciar alguna posible infracción de tráfico. El informe jurídico que se recoge en la Guía da respuesta a esta cuestión, planteando asimismo si tales tratamientos serían o no conformes al RGPD.
    Los sistemas de videovigilancia, al considerarse un tratamiento de datos personales en virtud de los artículos 1.1 y 1.2 del RGPD, han de contar con una fuente de legitimación que ampare dicho tratamiento, previa realización de un juicio de ponderación en aras de determinar qué derecho ha de prevalecer sobre el otro. El interés legítimo, recogido en el art. 6 apartado f) RGPD podría operar siempre y cuando traiga cobertura del derecho de la tutela judicial efectiva.
    Si bien es cierto que la LO 4/1994, de 4 de agosto, por la que se regula la utilización de videocámaras por las Fuerzas y Cuerpos de seguridad en lugares públicos les atribuye competencia exclusiva para la instalación de videocámaras en lugares públicos, podría legitimarse dicho tratamiento de captación de imágenes siempre y cuando se garanticen los principios de limitación y minimización de datos, recogidos en el RGPD. en virtud del art. 5 RGPD .

A pesar de encontrarse dicho tratamiento amparado por el principio de la tutela judicial efectiva, debemos puntualizar que este derecho ha de concretarse de algún modo. El informe de la AEPD de 13 de abril de 2015 expone algunos supuestos :

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Ante el retraso en la tramitación parlamentaria del Proyecto de la nueva Ley Orgánica de Protección de Datos, el 27/7/2018 el consejo de ministros aprobó un Real Decreto-Ley que deroga el régimen sancionador de la Ley Orgánica 15/1999, adaptando la legislación española al régimen sancionador del RGPD.

El Real Decreto-ley ha sido publicado en el BOE el 30/7/2018, con entrada en vigor al día siguiente. En todo caso, el RDL establece que los procedimientos iniciados con anterioridad a su entrada en vigor se regirán por la normativa anterior, salvo aquellas disposiciones más favorables para el interesado.

El RDL regula aspectos como el funcionamiento de los procedimientos de la Agencia Española de Protección de Datos, la tramitación de las reclamaciones, y la remisión de la reclamación a otra Autoridad de control si la Agencia Española considerara que no tiene la condición de autoridad de control principal.

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