Cada día son más las normas sectoriales afectadas por la protección de datos de carácter personal, llegando a alcanzar desde el sector sanitario, protección de menores, publicidad, videovigilancia hasta la prevención del fraude, entre otros. En ocasiones han sido tratadas en nuestro Blog algunas de estas materias (como aquí, aquí o aquí), pero queremos centrar esta publicación en el análisis de la relación que guardan la normativa en materia de Prevención de Blanqueo de Capitales y las normas de Protección de Datos Personales.

Para ello, enfocaremos nuestra atención exclusivamente en la normativa que se encontraba vigente a fecha de 25 de mayo de 2018, resultando ya exigible el Reglamento Europeo de Protección de Datos (RGPD) y aquella que resulta aplicable a día de hoy:

Por lo tanto, analizamos a continuación los principios y derechos en materia de protección de datos que se encuentran regulados en esta normativa específica, así como los cambios que ha introducido la quinta Directiva en materia de prevención de blanqueo de capitales a este respecto.  

 Principios y Derechos  Ley 10/2010  Directiva 2018/843
 Principio de información El artículo 32.3 contempla la exención al deber de informar al interesado, haciendo referencia en este caso a la ya derogada Ley Orgánica 15/1999.

No realiza ningún pronunciamiento respecto a la exención a informar al interesado.

Habrá que atender a la transposición de la Directiva al ordenamiento jurídico español, para conocer si el legislador mantiene la exención prevista en la Ley 10/2010, haciendo en este caso remisión al RGPD, en lugar de la LOPD 15/1999. 

 Legitimación El artículo 32 determina que no es preciso el consentimiento del afectado para el tratamiento de los datos de carácter personal contenidos en los mencionados ficheros.  La modificación del artículo 43 introduce que el tratamiento de datos personales en virtud de la presente Directiva a fines de prevención del blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo se considerará de interés público. Entendemos por tanto que este tratamiento estará legitimado conforme al artículo 6.1 e) RGPD.
 Plazo de conservación El artículo 25 indica que los sujetos obligados conservarán durante un período de diez años la documentación en que se formalice el cumplimiento de las obligaciones establecidas en la presente ley.  No introduce cambios al respecto, al mantener en el artículo 40 que la prórroga máxima del período de conservación de cinco años no excederá de un período de cinco años adicionales. Así, el plazo actual de diez años establecido en la normativa española, se mantiene dentro de los límites mínimo y máximo ahora fijados por la Directiva.
 Derechos de los interesados El artículo 32.3. contempla que no serán de aplicación a los ficheros y tratamientos a los que se refiere este precepto las normas contenidas en la citada Ley Orgánica referidas al ejercicio de los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición.

En caso de ejercicio de los citados derechos por el interesado, los sujetos obligados se limitarán a ponerle de manifiesto lo dispuesto en este artículo.

No realiza modificaciones al respecto, por lo que podemos interpretar que el contenido del Considerando 46 de la cuarta Directiva a este respecto, continuará siendo aplicable, entendiendo la remisión realizada a la Directiva 95/46/CE al RGPD.

Sin perjuicio de todo lo anterior, consideramos merecedor de un estudio más específico, el ámbito de aplicación subjetivo de la Ley 10/2010 y los cambios introducidos por la Directiva 2018/843 a este respecto. ¿Por qué nos interesa esta cuestión en especial?

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Cuando hablamos de privacidad de un individuo hemos de partir de la base de estar ante un derecho reconocido en la Constitución Española (en adelante CE), concretamente en el artículo 18 y que le atribuye a este la potestad de mantener su intimidad fuera del control de terceros, asegurándose la no divulgación de aquellos aspectos privados e íntimos de su vida. A ojos del presente artículo no podemos dejar de lado la referencia a una de las esferas que configuran esta privacidad y que, con el avance de las nuevas tecnologías ha asumido una importancia exponencial: la privacidad digital. Y es que, desgraciadamente, la falta de la misma en el entorno web, es una realidad que ya está moldeando nuestras vidas.

Es un hecho. El usuario se ha convertido protagonista del llamado Internet Social, es él quién aporta sus contenidos, suministra información y decide qué comparte con terceros. Se configura así el llamado derecho a la intimidad digital, entendiendo, por tal, aquel del que disponen los interesados en lo que respecta a la salvaguarda de sus datos privados en el ámbito de las nuevas tecnologías de la información, en especial, a la información que circula por Internet.

Pero ¿qué ocurre cuando este derecho es vulnerado por terceros como consecuencia de la publicación, sin nuestro consentimiento, de información que pertenece a nuestra esfera íntima y privada? Es en esta coyuntura en la que se encontró la joven víctima del conocido caso “La Manada” como consecuencia de la exposición web de datos de carácter personal vinculados a su persona.

Entrando en materia, los hechos objeto de análisis en el presente artículo, fueron puestos en conocimiento de la Agencia Española de Protección de Datos (en adelante, AEPD) en mayo de 2018 mediante una reclamación en la que se indicaba la difusión de los posibles datos personales de la joven en foros abiertos de Internet. Ante tal información, la AEPD comienza las pertinentes labores de investigación que tienen como resultado, la incoación, contra el medio de prensa digital, “La Tribuna de Cartagena”, de un procedimiento sancionador (PS/00139/2019) como consecuencia de la publicación de un artículo en el que se detallaban el nombre, apellidos, edad y universidad en la que estudiaba la joven y al que acompañaba una fotografía de la misma.

Estos hechos supondrían una infracción del artículo 6.1 de la Ley Orgánica de Protección de Datos 15/1999 (en adelante, LOPD 15/99) que dispone que el tratamiento de los datos de carácter personal requerirá el consentimiento inequívoco del afectado, salvo que la ley disponga otra cosa.

Resulta necesario indicar que la AEPD fundamenta su decisión en la LOPD 15/99 porque los hechos acontecieron en un período en el que dicha normativa aún resultaba plenamente exigible. Aun así, a día de hoy, es por todos sabido que la LOPD 15/99 se encuentra ya derogada por la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales 3/2018 (en adelante, LOPDGDD); motivo por el cual, en el presente artículo, trataremos de identificar los preceptos de la actual normativa, Reglamento Europeo de Protección de Datos (RGPD) y LOPDGDD, que se corresponden con el artículo de la LOPD 15/99 infringido a ojos de la AEPD.

¿En qué fundamenta entonces la Agencia, la decisión emitida?

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Hace unos meses analizábamos en este Blog las repercusiones de la declaración de inconstitucionalidad del artículo 58 bis de la Ley Orgánica, 5/1985, de 19 de junio, de Régimen Electoral General (en adelante LOREG), incorporado a esta por la disposición final tercera, apartado dos, de la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de protección de datos personales y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD), el cual permitía a los partidos políticos recopilar datos sobre las opiniones políticas de los ciudadanos.

Ahora, y de nuevo tras la celebración de elecciones en noviembre, se ha hecho noticia el derecho fundamental a la protección de datos y su impacto en los envíos de propaganda electoral por parte de los partidos políticos, en esta ocasión por la práctica llevada a cabo por uno de los partidos políticos en pleno fin de campaña electoral, al recurrir como técnica de marketing al envío masivo de sms, dirigidos a dos millones de destinatarios, solicitando el voto de cara a las, ahora ya pasadas, elecciones generales.

Ante esta noticia, no se hizo esperar la correspondiente denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), y tampoco las declaraciones del partido político cuya técnica de marketing se ha visto cuestionada.

Sin perjuicio del futuro pronunciamiento de la AEPD a este respecto, consideramos conveniente analizar y tratar de dar respuesta a la siguiente pregunta

¿Con qué exigencias han de cumplir esta clase de envíos?

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Hace escasos días, los medios de comunicación se hacían eco de una resolución, recientemente, emitida por la Sala tercera de lo Contencioso-administrativo del Tribunal Supremo (en adelante, TS) (STC 1007/2019 de 8 de julio de 2019) contra el Instituto de la vivienda de la Comunidad de Madrid (en adelante, IVIMA) y con la que el TS acababa con años de idas y venidas, de resoluciones y sentencias en las que se analizaba, desde un punto de vista de protección de datos, la actuación del IVIMA durante un proceso de enajenación de 32 promociones de viviendas de su propiedad.

Y sí, el TS confirma, con su sentencia, la existencia de una vulneración de la normativa en materia de protección de datos por parte del IVIMA. Hecho que ya adelantaron la Agencia Española de Protección de Datos (en adelante AEPD) en su resolución R/00851/2015 y la Sala de lo Contencioso número 1 de la Audiencia Nacional, (en adelante AN) en su sentencia 5119/2017.

Pero antes de analizar la fundamentación de estos entes jurídicos, y poder comprender, así, la trascendencia de las resoluciones, hemos de ponernos en situación. Año 2013. El IVIMA saca a concurso, la enajenación de 32 promociones de viviendas en situación de arrendamiento y arrendamiento con opción a compra, algunas de las cuales se encontraban inmersas en procesos litigiosos de diversa índole. Al concurso, licitaron un número cerrado de empresas que, tras superar la primera fase del concurso y firmar el compromiso de confidencialidad que se les requería, accedieron a toda aquella documentación que debían conocer respecto de los bienes objeto de enajenación, a través de un portal de acceso restringido, denominado data room.

Desde el punto de vista de protección de datos, ¿qué hecho acontece, entonces, que pone en entredicho la actuación del IVIMA?

Es necesario mencionar que el pliego de condiciones, que regula el procedimiento del concurso, fue publicado en el perfil del contratante en la página web de la Comunidad de Madrid. Dicho pliego estaba conformado, entre otros, por los anexos I y VIII que recogían una relación detallada de 41 viviendas que se encontraban inmersas en diversos procedimientos litigiosos. A la relación de las viviendas, lo acompañaban los nombres y apellidos de los 34 arrendatarios, así como otras informaciones relativas a las viviendas tales como la referencia catastral, dirección, municipio…etc. Dicha información era de acceso libre, y descargable por todo aquel que accediese al perfil del contratante en la dirección web  http://www.madrid.org/contratospublicos. Se mantuvo pública 19 días

A las vista de las denuncias presentadas por los afectados, se efectúan, por parte de la AEPD, las actuaciones de investigación oportunas y que tienen como resultado final la incoación de un procedimiento de declaración de infracción por presunta vulneración, por parte del IVIMA de los ­artículos 6.1 y 10 de la Ley Orgánica de Protección de Datos 15/1999 (en adelante, LOPD 15/99), ya derogada en la actualidad por la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales 3/2018 (en adelante, LOPDGDD). No obstante, el 9 de marzo de 2015, en propuesta de resolución, la AEPD declara el archivo de la infracción del artículo 10, imputada al IVIMA; manteniendo la comisión de una infracción sobre el artículo 6.1 de la LOPD 15/99.

A pesar de la derogación de la LOPD 15/99, sobre la que los distintos entes públicos y jurídicos fundamentan sus respectivas decisiones, en el presente artículo, trataremos de identificar los preceptos de la actual normativa, Reglamento Europeo de Protección de Datos (RGPD) y LOPDGDD, que se corresponden con el artículo de la LOPD 15/99 infringido.

Entonces, ¿cuáles son los fundamentos esgrimidos por la AEPD, para considerar la existencia de una infracción sobre el artículo 6.1?

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Solamente unos días después de que hayamos tenido las últimas elecciones en España, el Tribunal Constitucional (TC) se ha pronunciado al respecto del artículo 58 bis apartado 1 de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG) incorporado a esta por la disposición final tercera, apartado dos, de la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de protección de datos personales y garantía de los derechos digitales(LOPDGDD), el cual permitía a los partidos políticos recopilar datos sobre las opiniones políticas de los ciudadanos, diciendo textualmente:

“La recopilación de datos personales relativos a las opiniones políticas de las personas que lleven a cabo los partidos políticos en el marco de sus actividades electorales se encontrará amparada en el interés público únicamente cuando se ofrezcan garantías adecuadas”.

Al respecto de este artículo, el pleno del TC ha aprobado por unanimidad una Sentencia cuyo fallo se ha conocido este mismo miércoles.

En este post vamos a destacar los puntos más importantes, en materia de protección de datos que se disponen en la mencionada Sentencia del TC.

¿Quién y porqué se interpuso este recurso?

El Recurso fue presentado por el Defensor de Pueblo en el mes de marzo, en el que, atendiendo a quejas y solicitudes de diferentes ciudadanos y juristas, se decidió solicitar la anulación del artículo 58.1 bis de la LOREG.

Los motivos de la interposición de este Recurso se fundamentan en la consideración de que se está produciendo la vulneración de los siguientes artículos de la Constitución Española (CE):

  • Principio de seguridad jurídica (Art. 9.3 CE).
  • Derecho a la libertad ideológica (Art. 16 CE).
  • Derecho a la Protección de Datos Personales (Art. 18.4 CE).
  • Derecho de participación política (Art.23.1 CE).
  • Principio de vinculatoriedad, reserva de ley y control constitucional de las leyes de desarrollo. (Art. 53.1 CE).

El Recurso fundamenta esta vulneración en el hecho de que el mencionado artículo permitía algo inédito en nuestro país, como es recopilar datos personales relativos a las opiniones políticas de los ciudadanos y utilizar este perfilado de cada persona enviar propaganda electoral por medios electrónicos o sistemas de mensajería.

Para poder entender por qué es algo inédito, hemos de tener en cuenta que las opiniones políticas de las personas son consideradas por la normativa de protección de datos como “datos de carácter personal especialmente protegidos” (art.9.2.a LOPDGDD), por lo que como regla general para tratar estos datos necesitaríamos el consentimiento explícito del interesado.

A lo anterior, debemos de añadir que el art 9.1. LOPGDD indica que el solo consentimiento del afectado no bastará para levantar la prohibición de tratamiento de datos cuya finalidad principal sea identificar su ideología, afiliación sindical, religión, orientación sexual, creencias u origen racial o étnico.

Para anular esta prohibición es precisamente para lo que se realizó la modificación normativa por la que se introdujo el apartado 1 del artículo 58 bis de la LOREG.

Cabe en este punto por tanto traer a colación los tres elementos más importantes de la interposición del recurso:

  • No se ha determinado la finalidad del tratamiento, más allá de la mención al “interés público”.
  • No se ha limitado el tratamiento de esos datos.
  • No se han establecido las garantías adecuadas para proteger los derechos fundamentales de los afectados.

Por lo que, debido a estas insuficiencias, se considera que el precepto impugnado habría incurrido en una doble y simultanea vulneración, por infringir la reserva de ley y por no respetar el contenido esencial del derecho fundamental a la protección de datos personales.

Precisamente esta consideración es ahora reafirmada por el TC en su sentencia, al estimar que el derecho fundamental afectado es el de protección de datos personales (Art.18.4 CE), desde una doble perspectiva:

En primer lugar, como derecho autónomo dirigido a controlar el flujo de informaciones concernientes a cada persona.

En segundo lugar, como derecho fundamental instrumental ordenado a la protección del también derecho fundamental a la libertad ideológica.

Una vez sentado esto, el TC enjuicia los tres elementos antes mencionados que conforman la impugnación central:

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Estas últimas semanas, los medios de comunicación se han hecho eco de la obligación aplicable a empresarios o autónomos que cuenten con trabajadores a su cargo, de cumplir con un registro de la jornada laboral de los trabajadores, obligación que deriva del  Real Decreto-ley 8/2019, de 8 de marzo, de medidas urgentes de protección social y de lucha contra la precariedad laboral en la jornada de trabajo, que modifica el artículo 34 del Real Decreto Legislativo 2/2015, de 23 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores (en adelante Estatuto de los Trabajadores), y que será aplicable a partir del día 12 de mayo.

Pero, ¿qué supone la llevanza de este registro en la práctica?

  • Este registro deberá incluir como mínimo el horario concreto de inicio y finalización de la jornada de cada trabajador, sin perjuicio de la flexibilidad horaria establecida. Además, se ha manifestado, que no será suficiente la realización de un cuadrante, pues no se consideran un registro de jornada a efectos de cumplir lo establecido en el Estatuto de los Trabajadores.
  • También resulta de aplicación a trabajadores que realicen teletrabajo, o con movilidad geográfica.
  • La organización y la documentación del registro debe abordarse vía negociación colectiva o acuerdo de empresa. En su defecto, se establecerá por decisión unilateral del empresario previa consulta con la representación legal de los trabajadores.
  • El legislador no ha establecido una fórmula legal subsidiaria ante la falta de acuerdo.
  • En el supuesto de que no exista representación legal de los trabajadores, la ley no prevé la creación de una comisión ad hoc, por lo que debe quedar claro que la obligación de garantizar un registro horario corresponde al empleador.

¿Qué impacto tiene este registro en materia de protección de datos?

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Tal y como adelantamos en nuestro artículo anterior, a lo largo del presente blog, continuaremos analizando el impacto que, el Reglamento Europeo de Protección de datos (en adelante, RGPD) y el Proyecto de Ley Orgánica de Protección de Datos (en adelante, PLOPD), tienen en el régimen legal aplicable a los sistemas de videovigilancia. Para ello, tomaremos como base la Guía sobre videovigilancia publicada por la Agencia Española de Protección de Datos hace ya algunas semanas:

1. Otros supuestos específicos en los que el fin perseguido con el tratamiento de las imágenes es la seguridad:

1.1. Comunidades de propietarios, viviendas y otros supuestos.

a. Zonas comunes. La captación de imágenes en estas zonas requerirá, sin excepción, el acuerdo de la Junta de Propietarios en los términos previstos en la Ley de Propiedad Horizontal, no siendo posible la captación de imágenes de la vía pública (salvo la franja mínima de acceso a los inmuebles) ni de terrenos y viviendas colindantes. La comunidad de propietarios adquiere, así, la posición de responsable de tratamiento debiendo cumplir con las obligaciones marcadas por la normativa de protección de datos a este respecto.

b. Viviendas unifamiliares. ¿Aplica el nuevo marco normativo a los sistemas de videovigilancia que un propietario coloca en su domicilio particular? Para dar respuesta a esta controvertida pregunta, hemos de distinguir dos situaciones:

- Cuando los sistemas de videovigilancia se instalen dentro de la vivienda, se considerará que la instalación se realiza en el ejercicio de una actividad personal o doméstica no siéndole de aplicación, en consecuencia, la normativa de protección de datos (artículo 2.2.c del RGPD).

- Cuando los sistemas de videovigilancia se instalen en el exterior de la vivienda, estos podrán captar imágenes de vecinos o personas ajenas en entradas, fachadas…etc.; quedando dicho tratamiento dentro del ámbito de aplicación de la norma.

c. Plazas de garaje. La instalación de cámaras en estas áreas será lícita siempre que las imágenes captadas se limiten exclusivamente a la plaza de aparcamiento propiedad del titular, y consecuente responsable de tratamiento, junto con aquel espacio mínimo imposible de evitar para vigilar la plaza. Esta instalación requerirá, siempre, autorización previa de la Junta de Propietarios.

d. Servidumbres de paso. La captación de imágenes de los usuarios que puedan transitar por las servidumbres de paso será legítima siempre y cuando la finalidad perseguida sea la preservación del propio inmueble. Será el propietario del inmueble quien asuma la posición de responsable del tratamiento.

e. Videoporteros y mirillas digitales. A la hora de determinar la aplicación, o no, del RGPD en estos supuestos, será necesario conocer el fin con el que dichos sistemas se instalan:

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El uso de videocámaras en relación con el cumplimiento de la normativa en materia de protección de datos es una de las cuestiones más planteadas a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD).

Para facilitar tal cumplimiento, la AEPD dedica en su página web un apartado a la videovigilancia, con fichas prácticas, informes jurídicos, o la Guía sobre el uso de videocámaras para seguridad y otras finalidades, la cual viene a sustituir a la anterior Guía de Videovigilancia.

En este artículo vamos a referirnos a aquellos tratamientos de imágenes cuya finalidad sea garantizar la seguridad de personas, bienes e instalaciones, teniendo en cuenta tanto la Guía como la normativa aplicable.

Para instalar estos sistemas para tal fin, ¿Qué se debe tener en cuenta?

- La legitimación; que es el cumplimiento de una misión de interés público. (art. 6 RGPD)
- Los principios de limitación de la finalidad y minimización de datos (art. 5 RGPD)
- Las medidas de responsabilidad proactiva que deben adoptar responsables y encargados del tratamiento, entre las que cabe destacar:

  •  Las empresas de seguridad privada deben tener delegado de protección si la vigilancia es su actividad principal. Además, debe tenerse en cuenta que estas empresas realizan un tratamiento de datos a gran escala tanto cuando actúan como responsables como cuando son encargados.
  • Con el RGPD ya no hay que notificar la inscripción de ficheros, sin perjuicio de la obligación de implementar un Registro de Actividades de Tratamiento incluso cuando el sistema permita el visionado a tiempo real, aunque no realice ninguna grabación.
  • Respecto a las llamadas “cámaras IP”, donde la visualización de las imágenes puede realizarse desde cualquier ordenador o dispositivo móvil conectado a internet, debemos asegurarnos de que se activen mecanismos para controlar el acceso.
  • Los elementos que determinan la necesidad de realizar Evaluaciones de Impacto son: que dicho tratamiento sea a gran escala, como es el caso de los espacios de acceso público; o que se utilicen nuevas tecnologías que puedan implicar un alto riesgo para los derechos y libertades de las personas, como el reconocimiento facial o la huella dactilar para el control de acceso.
  • Desde el 25 de mayo, la mayor parte de la Instrucción 1/2006 ha quedado desplazada, salvo lo relativo a la supresión de las imágenes en el plazo máximo de un mes, salvo supuestos en que se deban conservar para acreditar la comisión de actos que atenten contra la integridad de personas, bienes o instalaciones.

Supuestos específicos

Videocámaras instaladas en espacios públicos, fijas o móviles.

Es competencia exclusiva de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que se rigen por la Ley Orgánica 4/1997, de 4 de agosto, y el reglamento que la desarrolla; aunque a su vez, les es aplicable el RGPD en cuanto a la adopción de medidas de seguridad, realización de análisis de riesgos o la implementación de un Registro de actividades de tratamiento.
Aquí la finalidad del tratamiento es el mantenimiento de la seguridad ciudadana, debiéndose ponderar en cada caso la finalidad pretendida y la posible afectación al derecho al honor, a la propia imagen y a la intimidad de las personas.
La autorización para instalar estos dispositivos se otorga por la Delegación del Gobierno y tendrá una vigencia máxima de un año, debiendo renovarse una vez finalizado éste.

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Como ya venimos anunciando, el Reglamento General de Protección de datos (RGPD), será plenamente aplicable a partir del próximo 25 de mayo. A su vez, en nuestro país se encuentra en tramitación una nueva Ley Orgánica de Protección de Datos, que va a completar el mencionado RGPD. Al respecto, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), como ya analizamos en una de nuestras publicaciones (ver aquí) ya publicó en noviembre un documento con las principales medidas que las Administraciones Locales (AALL) debían ir poniendo en marcha.

La AEPD, consciente de la importancia del cambio normativo, ha elaborado también una Guía de Protección de datos y Administración local (en adelante, la Guía), que ha publicado recientemente, y en la cual se analizan los aspectos más relevantes que supone el RGPD en las AALL, y que pasamos a analizar:

1. EL RESPONSABLE DEL TRATAMIENTO

Serán responsables del tratamiento los municipios, las diputaciones provinciales y las islas.
A su vez, son responsables, en la medida que traten datos de carácter personal, las entidades de ámbito territorial inferior al municipal, las comarcas, las áreas metropolitanas y las mancomunidades.
En caso de que los Ayuntamientos cuenten con Administración Institucional, será responsable cada uno de los entes que formen parte de la misma.

2. LEGITIMACIÓN

El RGPD prevé un sistema de legitimación cuyas bases jurídicas no tienen relación entre sí. Son relevantes para las AALL las siguientes:

- El Interés público o poderes públicos y cumplimiento de obligación legal

En este punto, la Guía expone dos ejemplos clarificadores: por un lado, el tratamiento de datos del Padrón Municipal está legitimado por el cumplimiento de la Ley de Bases de Régimen Local y, asimismo el tratamiento de datos de los impuestos municipales se basa en el cumplimiento del Texto Refundido de la Ley reguladora de las Haciendas Locales.
Por otra parte, el tratamiento se puede fundamentar en satisfacer los intereses legítimos perseguidos por un tercero al que el responsable le comunica los datos si ese tercero no tiene la condición de autoridad pública.

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El detective o investigador privado es un profesional que trabaja para particulares, empresas y cualquier otra entidad que les contrate, para realizar investigaciones de hechos y conductas privadas de otros terceros, con el fin de obtener pruebas para su cliente.

El artículo 6 de la Ley de Protección de Datos establece: "el tratamiento de los datos de carácter personal requerirá el consentimiento inequívoco del afectado (...)" con una excepción: "salvo que la ley disponga otra cosa".

Si nos basásemos en la primera parte de este artículo, terminaríamos nuestro post de hoy aquí, y la respuesta a la pregunta sería: NO. Pero la excepción nos obliga a analizar si existe una norma, de rango de ley, que habilite a un detective privado a tratar datos de terceros sin su consentimiento, y ni tan siquiera, al menos a priori, con el conocimiento de que sus datos de carácter personal están siendo tratados.

Hace prácticamente un año que entraba en vigor la nueva "Ley 5/2014, de 4 de abril, de Seguridad Privada" quedando derogada por disposición derogatoria única la Ley 23/1992, de 30 de julio, de Seguridad Privada, y cuantas normas de igual o inferior rango se opongan a lo dispuesto en esta ley.
En esta nueva ley se establece el objeto y ámbito de aplicación de la norma y fija las definiciones de seguridad privada, entre otros, de los despachos de detectives privados u otros de significada importancia, que hasta ahora permanecían jurídicamente imprecisos o indeterminados.

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