A partir del 14 de septiembre del presente año, entra en vigor el Reglamento Delegado (UE) 2018/389 de la Comisión, de 27 de noviembre de 2017, por el que se complementa la Directiva (UE) 2015/2366 del Parlamento Europeo y del Consejo en lo relativo a las normas técnicas de regulación para la autenticación reforzada de clientes y unos estándares de comunicación abiertos comunes y seguros (en adelante, el Reglamento).  

El objeto del presente artículo es dotar al lector de una visión más aproximada acerca de las cuestiones que plantea el citado Reglamento, el cual, y a la vista está, no ha gozado de tanto reconocimiento ni repercusión como el ya conocido Reglamento General de Protección de Datos (en adelante, RGPD).

No son baladíes las cuestiones que se recogen, tanto en la Directiva (UE) 2015/2366 (en adelante, la Directiva), como en el Reglamento que la complementa, al entrar a regular y desarrollar ambas normativas las cuestiones relativas a la autenticación reforzada del cliente en lo referido a aquellos servicios de pago ofrecidos electrónicamente.

Con el avance de la tecnología, los riesgos en la seguridad relativa a los pagos electrónicos se han visto notoriamente incrementados. Anterior a la entrada en vigor del Reglamento, la legislación europea relativa a los sectores del mercado de pagos, que comprendía los pagos realizados con tarjeta, por internet, y los pagos móviles, no se encontraba lo suficientemente armonizada, generando tal inseguridad jurídica y desprotección de los consumidores, que la necesidad de una regulación común y una aplicación uniforme del marco regulación en la Unión era acuciante.

Debemos recalcar la importancia de la seguridad de los pagos electrónicos con el fin de establecer en la práctica, las medidas necesarias enfocadas a garantizar la protección de los usuarios dentro del comercio electrónico. Todos estos servicios ofrecidos de manera electrónica deben gozar de una adecuada protección, de manera que permitan garantizar una autenticación segura por parte del usuario, minimizando así el riesgo de fraude en el pago, u otro tipo de abusos que puedan llegar a producirse a la hora de realizar transacciones por internet.

Es por ello, que la Directiva, procede a definir, en su artículo 4, el concepto de “autenticación reforzada de cliente”, que hace referencia a la autenticación basada en dos o más elementos, de carácter independiente, entre los que encontramos los siguientes:

  • Conocimiento (algo que solamente conoce el usuario, como pudiera ser una contraseña).
  • Posesión (algo que solo posee el usuario, como un smartphone o una Tablet).
  • Inherencia (algo que es del usuario, por ejemplo, sensores biométricos, como puede ser su huella dactilar o reconocimiento facial).

La última cuestión relativa a la inherencia del usuario puede plantear interesantes cuestiones en lo que se refiere a la determinación de las obligaciones de los proveedores que realicen el tratamiento de los datos biométricos, catalogados en el RGPD como datos personales de carácter sensible, y que gozan de una especial atención a la hora de su tratamiento. 

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En una sociedad en la que la explotación de datos de carácter personal y la privacidad del usuario pueden llegar a verse enfrentados, resulta necesario establecer mecanismos que permitan que el avance de la sociedad de la información continúe, sin que este pueda suponer un menoscabo de la protección de los datos de carácter personal de los usuarios.

A este respecto se pronunció la Agencia Española de Protección de Datos (en adelante, AEPD) mediante la publicación de una guía que recoge una serie de orientaciones y garantías a tener en cuenta, por parte de responsables y encargados del tratamiento, en los procesos de anonimización de datos de carácter personal. La mencionada guía tiene como fin último, plasmar cómo ha de llevarse a cabo el proceso de anonimización de los datos de carácter personal para eliminar o, en su defecto, reducir al mínimo los riesgos inherentes a la reidentificación de los datos personales previamente anonimizados.

Pero ¿qué es y qué supone, realmente, la anonimización de los datos de carácter personal?

La anonimización ha sido considerada, por la propia AEPD, como “la ruptura de la cadena de identificación de las personas.”. En otras palabras, se trata del proceso mediante el cual, eliminaremos aquellos datos susceptibles de identificar, directa o indirectamente, a personas concretas, manteniéndose, así, sólo aquella tipología de datos que no puedan asociarse, de ninguna manera, con la persona titular de los mismos. Hablamos de datos tales cómo rangos de edad, nivel medio de renta, estudios...etc., que, en definitiva, no afectan a la privacidad personal y que pueden ser usados con fines estadísticos o analíticos.

Es en este punto, donde conviene recordar que los datos anonimizados se encontrarían fuera del ámbito de aplicación de la normativa vigente en materia de protección de datos, esto es, el Reglamento Europeo de Protección de Datos (en adelante, RGPD) y la Ley Orgánica Española de Protección de Datos de Carácter Personal y Garantía de los Derechos Digitales (en adelante, LOPD – GDD). Así lo recoge el propio RGPD en su considerando 26 cuando indica que: “(…), el presente Reglamento no afecta al tratamiento de dicha información anónima, inclusive con fines estadísticos o de investigación”.

A este respecto, y para que el tratamiento de esos datos quede fuera de la aplicación del RGPD y la LOPD - GDD, es necesario que el proceso de anonimización sea plenamente efectivo, de tal manera que resulte imposible, o casi, identificar, por ningún medio, a una persona física concreta, una vez los datos hayan sido anonimizados.

No obstante, a día de hoy, y como consecuencia del avance tecnológico, la anonimización absoluta no puede garantizarse. Así lo expresa la AEPD. El motivo radica en que la misma capacidad de la tecnología, que nos permite anonimizar datos personales, puede ser utilizada para la reidentificación de las personas, de tal manera que lo que en un determinado momento podía ser irreversible, tal vez no lo sea en el futuro.  

Por ello, la clave sobre la efectividad, o no, del proceso de anonimización de los datos, recaerá en el esfuerzo que le suponga, a la persona o entidad con acceso posterior a la información anonimizada, reidentificar los datos anonimizados. Así, la anonimización adquirirá una mayor fortaleza si este esfuerzo es de tal magnitud, que o bien el coste de dicho proceso no pueda ser asumible, o bien, no compense el beneficio que se obtendría con la reidentificación.

¿Cómo ha de desarrollarse, entonces, el proceso de anonimización?

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En la actualidad, muchas empresas valoran considerablemente proteger su “Know How, término anglosajón acuñado para referirnos a cierta información relativa, tanto a la adquisición de determinados conocimientos, como a ciertos datos empresariales relacionados con clientes, proveedores, planes comerciales, estrategias de mercado, etc.

El valor que dan las empresas a dicha protección es equiparable a los derechos de propiedad industrial e intelectual, ya que utilizan la confidencialidad como una herramienta de gestión de la competitividad empresarial, así como de transferencia de conocimientos e innovación.

Sin embargo, la globalización, una creciente externalización, la longitud de las nuevas cadenas de suministro y un mayor uso de las tecnologías de la información, han contribuido a que las entidades innovadoras estén cada vez más expuestas a prácticas desleales que persiguen la apropiación indebida de tal información, y que a su vez provocan que la innovación y la creatividad se vean desincentivadas, con la consiguiente repercusión que puede ocasionar en la buena marcha del negocio.

¿Se encuentra este deber de secreto o confidencialidad regulado en nuestro ordenamiento?

- PROTECCIÓN DE DATOS PERSONALES

• El artículo 5.1 f) del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), señala como uno de los principios básicos, la exigencia de que todo tratamiento de datos debe garantizar una seguridad apropiada de dichos datos, “incluida la protección contra el tratamiento no autorizado o ilícito y contra su pérdida, destrucción o daño accidental, mediante la aplicación de medidas técnicas u organizativas apropiadas”.

• Por su parte, la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD), recoge en su artículo 5 el deber de confidencialidad al que están sujetos los responsables y encargados del tratamiento de datos, así como las personas que intervengan en cualquier fase de dicho tratamiento. Asimismo, este artículo señala que esta obligación general es complementaria de los deberes de secreto profesional, y que se mantendrá, aun habiendo finalizado la relación del obligado con el responsable o encargado del tratamiento.

- CÓDIGO PENAL

El Código Penal (CP) tipifica la violación de los secretos empresariales en sus artículos 278 y 279 donde se castiga con una pena de prisión de 2 a 4 años y multa de doce a 24 meses a quienes, teniendo legal o contractualmente deber de guardar secreto, difundan o revelen un secreto de empresa, apoderándose por cualquier medio de datos que se refieran al mismo.

- LEY DE SECRETOS EMPRESARIALES

El pasado 13 de marzo entró en vigor la nueva Ley 1/2019, de 20 de febrero, de Secretos Empresariales (en adelante, la Ley), la cual supone la trasposición de la Directiva (UE) 2016/943 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 8 de junio de 2016, relativa a la protección de los conocimientos técnicos y la información empresarial no divulgados (secretos comerciales) contra su obtención, utilización y revelación ilícitas.

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Actualmente, detrás de la mayoría de los servicios web en los cuales se nos presta un servicio totalmente gratuito, nos encontramos con que, a cambio de esto, en la mayoría de los casos se rentabiliza la información de los usuarios, recogida a través de servicios de marketing, los cuales dirigen campañas de publicidad personalizadas por quien desea publicitar un producto o servicio.

Por lo tanto, además de identificar al usuario y realizar un seguimiento y recopilación de sus datos, se le perfila con la finalidad de poder maximizar la eficacia de la publicidad que se nos ofrece.

Una de las técnicas de seguimiento, ya conocida por todos, son las cookies, las cuales como ya sabemos, se trata de archivos creados por un sitio web, que contienen pequeñas cantidades de datos y que se envían entre un emisor y un receptor. A este respecto referenciamos una serie de artículos de nuestro blog que pudieran ser de interés, para conocer más sobre el tema pincha en los siguientes aquí y aquí. Sin embargo, nos encontramos ante un mercado muy dinámico, por lo que los diversos agentes implicados en el mercado de internet no cesan en la investigación de nuevas formas de recopilación y explotación de datos de los usuarios.

¿Cuáles son estas nuevas técnicas de seguimiento? En concreto en este artículo nos centraremos en el análisis de la técnica del fingerprinting.

El fingerprinting o la huella digital del dispositivo es una recopilación sistemática de información sobre un determinado dispositivo remoto con el objetivo de identificarlo, singularizarlo y, de esa forma, poder hacer un seguimiento de la actividad del usuario con el propósito de perfilarlo.

Es decir, la huella digital del dispositivo es un conjunto de datos extraídos del terminal del usuario que permiten individualizar de forma unívoca dicho terminal.

Cabe añadir, que las técnicas de identificación mediante huella digital del dispositivo se llegan a describir como “cookieless monster”. Esto es así, dado que no es necesario instalar ningún tipo de cookie en el dispositivo para recoger toda la información del usuario, y si esto sucede de forma totalmente transparente al usuario, éste no puede tomar medidas para evitarlo.

En relación con la obligación de información, que encontramos regulada en el art.22 de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información (en adelante, LSSI), es habitual encontrar en los sitios web y aplicaciones cláusulas de privacidad específicas, que permiten al usuario dar su consentimiento para el uso de cookies. Sin embargo, no es tan común en la actualidad encontrar información para el usuario sobre el uso de técnicas basadas en la huella digital para el perfilado del usuario.

Atendiendo a esta información, existen numerosas propiedades que se pueden recopilar de un dispositivo a través del navegador web y que permiten recoger información suficiente para que, en determinadas situaciones, se pueda identificar unívocamente al terminal, como hemos mencionado antes.

Algunas de las características del terminal que se pueden recoger mediante el navegador web y que pueden contribuir a la obtención de una huella digital de un dispositivo como son, por ejemplo:

 -El tipo, versión y configuración personal del navegador.
 - Información sobre las aplicaciones instaladas.
 -Idioma.
 -Zona horaria.
 -Dirección IP.

En base a esto, la Agencia Española de Protección de Datos (en adelante, AEPD) ha redactado un estudio sobre este tema, si quieres visualizarlo integro pincha aquí , en el cual nos habla en uno de sus puntos del nivel de identificación que puede alcanzar esta técnica, en el cual hace referencia a lo siguiente:

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¿Alguna vez te has preguntado cuántas cámaras de vigilancia pueden captar tu imagen de camino a casa? Lo cierto es que, en nuestra sociedad de hoy día, vivimos rodeados de grandes hermanos que “vigilan” cada una de nuestras áreas de actividad personal y laboral: el supermercado, el banco, la farmacia, la calle, el Centro Comercial … etc.

Acostumbrados a ello, o no, las cámaras de videovigilancia son una realidad constatada en nuestra vida. Y no sólo eso, sino que el número de las mismas se ha visto aumentado exponencialmente a lo largo de los últimos años.

En lo que se refiere a la finalidad última perseguida con la instalación de estos dispositivos, esta puede ser muy variada: por seguridad, como medio de obtención de pruebas, para vigilancia o control laboral, como apoyo para la información meteorológica, para la promoción turística o, incluso, para el control y vigilancia del tráfico en nuestras ciudades y carreteras.

Es precisamente respecto a esta última finalidad mencionada, sobre la que centraremos el desarrollo del post de hoy. Para ello, tomaremos como punto de partida un reciente Informe publicado por la Agencia Española de Protección de Datos (en adelante, AEPD) y en el cual, se aborda la legalidad sobre la instalación de cámaras fijas con fines de control del tráfico ubicadas, concretamente, en semáforos.

Ya lo comentábamos en nuestro post de la semana pasada (ver aquí); los dispositivos de videovigilancia pueden tener un carácter fijo o móvil. Y si bien, en el mencionado post, centrábamos nuestra atención en las cámaras móviles, en esta ocasión nos focalizaremos en las cámaras de videovigilancia fijas. ¿Son estás cámaras acordes a la legislación vigente?, ¿Qué requisitos han de cumplir para ello?

Recordemos que las cámaras que vigilan la vía y espacios públicos sólo pueden ser operadas, con carácter general, por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Así lo dispone la Ley Orgánica 4/1997, de 4 de agosto, por la que se regula la utilización de videocámaras por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en lugares públicos (en adelante, LO 4/1997) y el Real Decreto 596/1999, de 16 de abril, por el que se aprueba el Reglamento de desarrollo y ejecución de la Ley Orgánica 4/1997 (en adelante, RD 596/1999).

Atendiendo a lo establecido en el marco normativo regulatorio descrito, así como en el Informe jurídico de la AEPD objeto de este artículo, las cámaras fijas instaladas deberán cumplir con el principio de proporcionalidad, de modo que el sistema escogido sea tal y como indica el artículo 6 de la LO 4/1997:

- Idóneo para el mantenimiento de la seguridad ciudadana.
- Ponderado o equilibrado por derivarse de su instalación más beneficios o ventajas para el interés general que perjuicios sobre los derechos de honor, propia imagen e intimidad de los ciudadanos afectados.
- Necesario como consecuencia de la existencia de un razonable riesgo para la seguridad ciudadana.

¿Quién será el órgano competente y encargado para instalar dichas cámaras de videovigilancia fijas?

Lo primero que hemos de indicar es que, tal y como recoge el artículo 3 de la LO 4/1997, la instalación de videocámaras de carácter fijo está sujeta al régimen de autorización. Serán las Administraciones públicas con competencia para la regulación del tráfico las que, a través de una resolución, previo informe preceptivo y vinculante de la Comisión de Garantías de la Videovigilancia de la Comunidad Autónoma correspondiente, autorizarán la instalación y el uso de las cámaras de videovigilancia. Así lo establece el artículo 2 de la disposición adicional única del RD 596/1999.  

En lo que se refiere al contenido de dicha resolución, es el propio artículo 3 de la LO 4/1997, el que recoge los requisitos que deberán tener las resoluciones que autoricen las instalaciones fijas:

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Son incontables las ocasiones en las que hemos podido ver en las redes sociales o también en los medios de comunicación, imágenes de actuaciones policiales, captadas incluso en primera persona por el agente del cuerpo de seguridad que participa en la misma.

El uso de videocámaras móviles como elementos de equipamiento, se ha vuelto casi indispensable para los agentes de la autoridad, debido a la necesidad de estos de mostrar la realidad de sus actuaciones en determinada clase de circunstancias.

Pero, ¿existen límites para realizar estas prácticas?, ¿pueden los agentes grabar a los ciudadanos con cámaras portátiles en cualquier circunstancia?

Estos son algunos de los interrogantes que los ciudadanos se plantean con frecuencia, preocupados por su privacidad, y que en esta publicación trataremos de clarificar.

Para ello, debemos de partir de la base de que es la Ley Orgánica 4/1997, de 4 de agosto, por la que se regula utilización de videocámaras por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en lugares públicos (en adelante Ley Orgánica 4/1997), la que legitima a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para poder utilizar videocámaras con el fin de grabar imágenes y sonidos en lugares públicos, abiertos o cerrados. Encomienda que se ve favorecida con el uso de sistemas de grabación de imagen y sonido, permitiendo así, entre otras cuestiones, asegurar la convivencia ciudadana, la erradicación de la violencia y la utilización pacífica de las vías y espacios públicos, así como de prevenir la comisión de delitos, faltas e infracciones relacionados con la seguridad pública. No nos olvidemos de que estos órganos tienen como cometido garantizar la seguridad ciudadana.

En definitiva, se establece en esta norma el régimen de garantías de los derechos fundamentales y libertades de los interesados, que deberán respetarse en las distintas fases de autorización, grabación y uso de las imágenes y sonidos obtenidos por las videocámaras.

Entonces, ¿cuáles son los requisitos que se han de cumplir para que el uso de videocámaras sea lícito?

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Es muy probable que hayas oído hablar del derecho al olvido y te preguntarás, ¿Qué es exactamente? Pues bien, en este artículo nos vamos a centrar en explicar este derecho que todos los ciudadanos tenemos reconocido, como ya hemos hecho en otros artículos de nuestro blog pinchando aquí.

Para comenzar, nos gustaría recordar que el derecho al olvido es un concepto relacionado con el Habeas Data (derecho de control del individuo sobre sus datos o información personal, además de la exclusión de toda injerencia en su vida privada) y la protección de datos personales, el derecho al honor, intimidad e imagen, todos ellos Derechos Fundamentales reconocidos en nuestra Constitución (C.E).

Según la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD):

El “derecho al olvido hace referencia al derecho que tiene un ciudadano a impedir la difusión de información personal a través de Internet cuando su publicación no cumple los requisitos de adecuación y pertinencia previstos en la normativa”.

Además, indica la AEPD que este derecho incluye la posibilidad de limitar la difusión de datos personales, incluso cuando la publicación original sea legítima, cuando refiere que:

“La difusión universal e ilimitada de información que ya no tiene relevancia ni interés público a través de los buscadores causa una lesión a los derechos de las personas”.

Determinado el concepto del derecho al olvido, y si bien esta cuestión ya ha sido analizada en profundidad en nuestro blog (si te interesa este análisis pincha aquí), consideramos necesario mencionar que este derecho, se encuentra regulado por una parte en el artículo 17 del Reglamento General de Protección de datos (RGPD), y por otra parte, exclusivamente en el ámbito de Internet, en el artículo 93 de la Ley Orgánica de Proteccion de Datos y de Garantías de los Derechos Digitales.

Una vez hemos recordado los conceptos y aspectos que rigen en el derecho al olvido, cabe destacar que la importancia de la reivindicación de este derecho viene ligado a grandes buscadores como puede ser Google, ya que basta con teclear el nombre de una persona, algo tan simple como un “click” para que podamos acceder a información relativa a la misma. Información que, aunque a simple vista parezca inofensiva, en muchos casos puede estar atentando contra los Derechos Fundamentales inherentes a esa persona y a su vez vulnerando los principios que rigen en el Derecho a la Protección de Datos.

A este respecto, consideramos necesario hacer referencia a la reciente Sentencia 12/2019 de 11 Enero, Rec. 5579/2017, del Tribunal Supremo, en la cual se viene a tratar lo siguiente:

La persona afectada por una supuesta lesión del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, está legitimada para fundamentar válidamente una acción de reclamación ante la entidad proveedora de los servicios del motor de búsqueda en internet, o ante la AEPD, cuando los resultados del motor de búsqueda ofrezcan datos sustancialmente erróneos o inexactos que supongan una desvalorización de la imagen reputacional que se revele injustificada por contradecir pronunciamientos formulados en una resolución firme.

En el caso que nos atañe, la persona afectada interpone su acción de reclamación ante Google, reconocida por la Audiencia Nacional mediante Sentencia, pero Google decide recurrir esta Sentencia ante el Tribunal Supremo. ¿Por qué? El gigante tecnológico considera que no está lesionando los derechos del interesado.

Sin embargo, en el fallo de la Sentencia, el Tribunal Supremo estima no haber lugar al recurso de casación interpuesto por Google, reconociéndole a la persona afectada su Derecho al Olvido.

Este derecho al olvido de la persona afectada se fundamenta del siguiente modo:

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El equivalente en Francia a la autoridad de control española en materia de protección de datos (AEPD) es la “Commission nationale de l'informatique et des libertés” (CNIL), una autoridad pública e independiente cuya misión igualmente es garantizar el cumplimiento y la correcta aplicación del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) con el fin de proteger los derechos y libertades fundamentales de las personas físicas en lo que respecta al tratamiento de sus datos.

Este organismo sancionó el pasado 21 de enero a la sociedad GOOGLE LLC (en adelante, GOOGLE) con una de las máximas sanciones previstas en el RGPD, en concreto, con 50 millones de euros, en aplicación de lo dispuesto en el artículo 83 del RGPD “se sancionará con una multa administrativa de 20 000 000 EUR como máximo o, tratándose de una empresa, de una cuantía equivalente al 4 % como máximo del volumen de negocio total anual global del ejercicio financiero anterior, optándose por la de mayor cuantía”. (ver aquí Resolución en francés)
La CNIL recibió en el mes de mayo dos denuncias colectivas por parte de la asociación “None Of Your Business (NOYB)” y “La Quadrature du Net (LQDN)” en las que se ponía de manifiesto que GOOGLE no tenía una base jurídica válida para tratar los datos personales de sus usuarios para poder personalizar los anuncios publicitarios que aparecían en sus cuentas.

Esto en la práctica suponía que los usuarios a la hora de configurar su cuenta de Google podían permitir que su perfil pudiera ser analizado con el fin de que la publicidad que les llegue sea lo más personalizada posible.

En primer lugar, hemos de indicar que la CNIL en esta misma Resolución trata una de las novedades introducidas por el RGPD: el mecanismo de ventanilla única

El Considerando 127 del RGPD prevé la posibilidad de que cada autoridad de control que no actúe como autoridad principal, pueda ser competente para tratar asuntos en los que, si bien el responsable o el encargado del tratamiento está establecido en más de un Estado miembro, el objeto del tratamiento se refiera y afecte en exclusiva en un único Estado y únicamente a interesados de ese Estado.

En tales casos, la autoridad de control debe informar sin dilación a la autoridad de control principal, que es la del país en que se encuentra su establecimiento principal, y una vez informada, ésta debe decidir si:

- Tratará el asunto atendiendo a la cooperación con las otras autoridades de control interesadas. Esta forma de proceder es denominada como “mecanismo de ventanilla única”),
- Tratará el asunto la autoridad de control que le haya informado.

En el presente caso, la CNIL antes de tomar una decisión al respecto y en aras de coordinarse con las otras autoridades, comunicó estas denuncias colectivas que había recibido a la autoridad de control irlandesa por considerarla como la autoridad de control principal al encontrarse las oficinas centrales de GOOGLE.

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Continuamos con el análisis del título X de la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales (en adelante, LOPDGDD), título que da nombre a la misma y que reconoce de manera pionera en nuestro país un marco regulatorio de las garantías de los derechos digitales en Internet.

Mediante el presente artículo vamos a tratar de dar respuesta a algunas de las cuestiones que se nos plantean acerca de uno de los nuevos conceptos que instaura en dicho título la citada LOPDGDD, concretamente el relativo al testamento digital.

Si bien es cierto que la definición de testamento viene recogida en nuestro Código Civil como “el acto por el cual una persona dispone para después de su muerte de todos sus bienes o parte de ellos”, y el propio Código procede a su categorización en cuanto a su forma (testamentos comunes o especiales), si hacemos una lectura del artículo 96 LOPDGDD, podemos observar que el propio artículo se refiere al testamento digital como los contenidos gestionados por prestadores de servicios de la sociedad de la información sobre personas fallecidas”.

El Reglamento Europeo de Protección de Datos (en adelante, RGPD), cuyos preceptos son de plena aplicación desde el 25 de mayo del 2018, no hace alusión al término de testamento digital, así como tampoco menciona en ninguna de sus disposiciones un reconocimiento a los derechos digitales.

Pero, ahora bien: ¿por qué la importancia de regular el derecho a un testamento digital?

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¿Tu centro escolar dispone de página web, un blog o redes sociales donde se comparten imágenes de los alumnos? ¿Pueden los familiares captar imágenes en el interior del centro?

Como ya comentamos en anteriores publicaciones, ver aquí, la utilización de la imagen de un menor está sujeta a la normativa sobre protección de datos, ya que la imagen se considera un dato de carácter personal, así como a lo previsto en la Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo, sobre protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, y en la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de protección jurídica del menor.

En este post vamos a intentar resolver aquellas posibles cuestiones que plantea el tratamiento de las imágenes en los centros escolares, así como la forma correcta de gestionarlas para prevenir problemas y evitar conflictos legales. Para ello, vamos a referirnos fundamentalmente a las disposiciones recogidas en la normativa, así como de las recomendaciones que hace la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) en su Guía para centros educativos (La Guía).

• Cuando las imágenes son captadas por los padres y familiares de los alumnos.

Es habitual que los propios padres y familiares de los alumnos hagan fotografías y graben vídeos en eventos o festivales, abiertos al público, en los que éstos participan.

En estos casos, en virtud del artículo 2.2c) del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y del 2.2a) de la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD), estamos hablando de que la captación de esas imágenes se corresponde, en principio, a una actividad exclusivamente personal y doméstica, y, por tanto, quedan excluidas de la aplicación de la normativa de protección de datos.

Es altamente recomendable, y así también lo recoge La Guía, que el centro advierta a los asistentes a los eventos de que se pueden grabar imágenes de los alumnos para su utilización exclusivamente personal, familiar y de amistad.

Además, los padres y familiares han de tener en cuenta que, para publicar este tipo de grabaciones en internet en abierto, deberán contar con el consentimiento de todos aquellos que aparecen en las imágenes, de sus padres o tutores si son menores de 14 años.

Ahora bien, ¿puede un centro prohibir que los padres y familiares hagan fotografías o graben vídeos de los alumnos en el interior del mismo?

No existe disposición legal, ni en lo dispuesto en la normativa en materia de protección de datos, ni en la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (Ley de Educación), que obligue a aplicar este tipo de medidas en los centros; ahora bien, ello no quita para que sean los propios centros los que decidan dentro de su política interna llevar a cabo tal prohibición, valorando previamente cuales serían los pros y los contras que la misma traería consigo.

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